Este hombre estudió peluquería y se instaló en un barrio de gama baja. Fue entonces cuando empezó a cobrar a clientas por dejarles el pelo perfecto hasta que llegó un momento en el que la crisis fue tan fuerte que nadie venía a verle. Entonces este hombre decidió lanzar una estrategia comercial; este las peinaba a cambio de que le comieran un rato la polla y se dejasen follar. No ganará mucho dinero pero se está hinchando a poder meterla y disfruta como nunca.

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